José Ruiz, el cabeza de familia, jornalero y militante anarquista, malvive trabajando la mayor parte del día con la única recompensa de dar de comer a los suyos. A pesar de su oficio y de su suerte, José es un hombre ilustrado y autodidacta. Cuando el golpe de estado triunfa en Andalucía occidental, ve peligrar su vida y la de su familia ante la llegada de la llamada Columna Carranza, que ya había sembrado el terror en el Aljarafe sevillano. Huyen a Málaga por recomendación del exalcalde de la localidad, amigo suyo. Tras su llegada, colabora en la defensa de la ciudad y en el acogimiento de los muchos refugiados que llegan a ella.
La ciudad se siente, no obstante, abandonada por el Gobierno de la República y, sin apenas medios, hace frente al enemigo, que acaba por tomar la ciudad. Es entonces cuando se produce el éxodo conocido como La Desbandá. Una frenética y horrenda desazón que discurre por una carretera serpenteante y estrecha, una trampa en la que se respira un aire de ceniza y fuego.

Prólogo de Antonio Ramírez Almanza Fragmento…
Me prometí entonces conocer la verdad y no dejé desde aquel momento de hurgar en los documentos y en la memoria de las gentes. Todo, en gran medida, era falso. Nunca nos contaron la verdad. La prueba es que más de 132 víctimas locales del franquismo aún esperan respuestas desde sus fosas comunes, cárceles, exilios…
He vuelto a consultar la conocida como Causa General, aquel “proceso de investigación” que la dictadura fascista de Franco mandó elaborar en todos los pueblos españoles, en 1940, para conocer “los hechos delictivos cometidos en el territorio nacional durante la dominación roja”. Me he detenido en el de nuestro pueblo. Si bien ya lo hemos podido relatar en publicaciones más extensas, no deja de impresionar y producir escalofríos aquel escueto informe de las autoridades falangistas, cuando relatan los hechos de los “días rojos” (incendio de la iglesia, quema de algunos muebles de los casinos, atropello de algunas casas particulares, robo de una decena de borregos para dar de comer a una población hambrienta y que luego les hizo pagar con creces a los autores de aquel decomiso necesario). Nada más. Ni una sola palabra de los asesinatos cometidos en los meses siguientes sin juicio, de las decenas de mujeres humilladas, de los encarcelados, de los huidos, de los condenados a muerte, de la represión sistemática de familias enteras, de la fosa común donde aún siguen sin reposar cientos de cadáveres, del hambre…
Mucho se ha trabajado por parte de investigadores y normativas legales, en los últimos años, para facilitar y recuperar no solo la memoria histórica sino la justa dignidad de quienes más sufrieron, principalmente del bando republicano, los estragos de la durísima posguerra. Aquella Causa General es una injusta y manipulada versión de la historia que solo el tiempo y la objetiva investigación pondrá definitivamente en su sitio.
Ahora, al enfrentarme a la lectura sosegada de Alfileres en los ojos de los jilgueros, de Javier Martín Betanzos, percibo la dimensión de la necesidad de la memoria de nuestra más trágica confrontación en la historia reciente. Sin alejarse lo más mínimo de la realidad documentada, el narrador utiliza el transcurrir vital de una familia desde su pueblo natal hacia el terrible peregrinar por la geografía andaluza, que le lleva a la Málaga de La Desbandá. Un tortuoso sinvivir donde cohabita la tragedia personal con los avatares de la desorganización y el abandono de los republicanos, la presión de los nacionales en su pavorosa maledicencia de venganzas y odios hacia la ‘otra’ España.
Como indicaba, a los descendientes no nos contaron toda la verdad. Es más, ocultaron miserablemente el desamparo de miles de familias como vamos contemplando en la narración de Javier. La novela no se pierde en vaguedades descriptivas, pues la acción no necesita de ropajes distintos a los del diálogo de la desesperación. La lucha diaria de la supervivencia con el trasfondo ilusionante de unos ideales en la esperanza de una vida mejor, sin explotación, en igualdad, en el necesario reparto de trabajo y justicia. Hace tiempo escribimos que “queda mucho por recorrer para el definitivo esclarecimiento de los hechos, pues, además de muerte, estos sucesos luctuosos –que marcaron la segunda mitad del siglo XX español y aún siguen imprimiendo carácter al sentir hispano- supusieron la inexorable aniquilación moral de los perdedores supervivientes, de por vida en la mayoría de los casos. Los pormenores, por escabrosos y crueles que sean y por más que se quiera transmitir que inciden en las viejas cicatrices sin restañar, servirán para ir cerrando este negro capítulo con todas sus consecuencias. Solo el conocimiento al detalle del “qué”, el “cómo” y el “cuándo” nos acercarán al “por qué”.
La Guerra Civil tuvo nombres y apellidos, protagonistas directos. Aún es el momento de conocerlos con exactitud. Para ello, no deben escatimarse fuentes que puedan desvelarlos. El resultado final dependerá de la calidad y cantidad de las consultas, cuantas más mejor, examinadas con pulcritud, altura de miras y absoluta desafectación.
Con este deseo, Javier Martín Betanzos logra con su novela acercarnos, paso a paso, en la secuencia de sus diez capítulos, al trágico peregrinar de la familia de José Ruiz desde su pueblo hasta Almería. Este afiliado cenetista sentía desde su fondo más primario que la situación que le rodeaba “estaba enquistada y había llegado a la conclusión de que la democracia burguesa nunca permitiría una verdadera justicia social, y mucho menos un orden socialista.” No se equivocaba. A los pocos días del fatídico 18 de julio tuvo que arrastrar al grupo familiar a una huida por la supervivencia. Con una prosa de cercanía a los hechos históricos, donde prima el transcurrir de los personajes con sus avatares y desdichas, Martín Betanzos nos va llevando al conocimiento del exterminio de las ideas y al afán de la libertad justa y medida a través de todos los personajes de la novela. Cada uno conforma territorios interiores que hacen posible que al argumento narrativo se incorpore el emocional. La pequeña tribu familiar, desgranada, entre el drama de la escapada a los inciertos y nuevos lugares de salvación, y la decepción inevitable de una desorganizada república que abandona el sur andaluz, transita poco a poco, perdiendo las esperanzas, por lugares donde el terror viene de los cielos, del mar, de una tierra que prende fuego y extermina a sus propios hijos. La ‘carretera de la muerte’ nunca será una vía de salvación. Deshechos, veremos en los Alfileres en los ojos en los ojos de los jilgueros cómo el individuo y sus ideas son eliminadas en el festín sangriento de los precursores de “una patria nueva”.
Tras la lectura de la novela queda un poso imborrable. Martín Betanzos aporta con su obra el deseo de no quedarse fuera del conflicto que hace ochenta años desgarró el suelo de esta permanente y orteguiana España invertebrada. No ha querido quedarse con los fantasmas del pasado, la de aquellos que aún vuelven a erigirse en los viles protagonistas que quieren evitar que se conozca la verdad. En definitiva, no dejamos de volver a esta España que duele y avergüenza. Me quedo con las palabras finales del narrador describiendo el desamparo de Elisa, la mujer de José Ruiz, abatida en la tristeza de la muerte próxima y pensando en los suyos. Lo resume todo:
Aquella tarde había una luz parda, de ceniza, y las formas apenas se distinguían, si no eran tocadas de soslayo por un sol anaranjado. Su silueta delgada y detenida, estaba indecisa. Su piel, pálida y ajada prematuramente, reflejaba otras siluetas, andantes autómatas con un destino ya escrito, un destino cabizbajo y derrotado, una vida vencida y quebrada.
Rociana, octubre de 2021
Antonio Ramírez Almanza
